9 de juny de 2015

El educador de museo. Redescubriendo consciencias humanas

María Cleofé Campuzano Marco. Especialista en Antropología de la Educación

En esta ocasión reproducimos aquí un interesante artículo inicialmente publicado en la revista MITO. Su autora es diplomada en Educación Social (UM), Máster en Antropología Social y Cultural (UM), especialista en Antropología de la Educación y nuevas configuraciones familiares y ha realizado estudios del área integrada por Educación, Museos, Culturas y Artes desde el desarrollo comunitario. Tiene una especial sensibilidad hacia el ejercicio creativo, la ilustración y la poesía. 

 

Ante los retos que plantea el museo actual, urge el replanteamiento de múltiples cuestiones. Este escrito trata de ofrecer una reflexión particular que incorpora de forma intercalada planteamientos sobre la educación y la cultura, transversales, flexibles y extrapolables a las diferentes situaciones emergentes,  necesarias para repensar la esencia del educador de museos y la legitimación de su perfil profesional de cara al futuro.

Afrontando retos

Querer un museo crítico y cívico es un deseo para muchos ciudadanos, que, a la vez, supone un reto delicioso de afrontar, aún teniendo en cuenta la dificultad de su desafío. Paradójicamente, esta idea aflora en boca de todos, de un tiempo a esta parte, pero su reflexión compartida, en pocas ocasiones encuentra su reflejo en la aplicación práctica. Si consideramos el museo tal que crisol en el que convergen lo social, lo cultural y su esencia relacional con las personas y con el mundo, debemos de optar por un cambio de filosofía en la institución museística. Si, realmente las prácticas van a caminar en este sentido, debe de existir un franco compromiso entre los miembros que conforman la organización (todos los agentes implicados) y llevan a cabo su aplicación en las actuaciones a desarrollar. Su discurso implícito debe ir por esta hoja de ruta. Por lo tanto, si nuestro destino es el desarrollo comunitario, social y cultural en el seno del museo, nos deberemos mover en el marco de un sistema activo; dejando en el pasado, la concepción endémica cargada de senectud del museo entendido como “Templo pasivo del saber”. Se hace necesario, entonces, clarificar que las prácticas estén acordes a ello; siguiendo esta lógica, hemos de trabajar, no “para” la comunidad sino “con” la comunidad; es  éste, un salto cualitativo innegable.

Un avance importante reside en la realización de prácticas centradas en el trabajo compartido entre  el ciudadano de a pie y los profesionales para elaborar un análisis de necesidades conjunto y legitimado por ambos; alejado de la posición tecnocrática a la que estamos acostumbrados. Estos trabajos de diálogo están encaminados a formar parte de un proyecto de dinamización comunitaria, planificado con rigor, para que el museo pueda ser considerado “de todos”. Todo ello, viene referido a que los visitantes nos digan, de primera mano, qué quieren ver en el museo, qué esperan de él  y qué deberíamos hacer para  que lo sientan suyo; pudiendo así, actuar en consecuencia.

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Museo Británico, detalle de animales © Alquiler de Coches

Lo más relevante a remarcar de esta iniciativa es su tendencia al cuestionamiento crítico, al cambio y a la transformación. Comprendo que es una propuesta con alto nivel de dificultad en cuanto a su puesta en funcionamiento y que, actualmente, ha dejado de ser utópica para aterrizar en escenarios reales; es, por tanto, una apuesta necesaria y arraigada en las raíces de las necesidades actuales que vertebran los museos, digna fuente de inspiración a considerar.

Los museos, tomando como contrafuertes filosóficos los principios de la museología crítica, deben instaurarse como verdaderos agentes patrimoniales en la promoción del desarrollo comunitario y de  la democracia cultural. Para lanzar una llamada atractiva a los públicos durante mucho tiempo relegados a un segundo plano; el público adulto, la tercera edad, los adolescentes, personas con dificultades sociales o en situación de conflicto social  podrían situarse como un ejemplo paradigmático de los posibles vectores actuales hacia los que el museo dirige su acción. En este sentido, la Animación sociocultural como metodología educativa que fomenta la participación social y las prácticas emancipadoras, podría trasladarse al museo en tanto que instrumento indispensable a considerar para enfrentarnos a este desafío.

El proscenio que proporciona coherencia a este nuevo entramado es la conjunción entre la educación formal, no formal e informal. Y el tono de aperturismo hacia el entrono, en el que el museo se hace permeable a la realidad social, centros educativos, asociaciones, centros culturales, centros de mayores, centros de menores o penitenciarios. Un ejemplo ilustrativo lo encontramos en el proyecto“Museos y Centros Penitenciarios” a cargo de Tais Vidal y María Ruíz (gestoras e investigadoras culturales)  realizado con la ayuda del Ministerio de Educación y que tenía como misión, el análisis de la realidad en las actividades socio-pedagógicas que se estaban desarrollando en este sentido, partiendo de los protagonistas, en busca de conductos fructíferos para seguir investigando por estos derroteros. Las conclusiones verán la luz en la publicación “Arte, Cultura y Cárcel. Prácticas Artísticas en Contextos Penitenciarios”.

¿Quién es el educador de museos?

En este caldo de cultivo, hay un revulsivo que afecta al equipo humano que integra la acción museal. Resulta pertinente ir perfilando las características que debe reunir el educador de museos para mimetizarse con soltura en esta nueva situación descrita que viven los museos de hoy, aunque hemos de matizar que se trata de una profesión emergente no unificada y en proceso de definición que es objeto, actualmente, de múltiples aproximaciones desde la contribución científica; aunque, hemos de puntualizar que es un perfil extendido en EEUU y en Canadá, cada vez más demandado en Europa y de excelente proyección. Localizamos, siguiendo esta estela en evolución, titulaciones de especialización en España, algunas de largo recorrido como el Máster en Museos, Educación y Comunicación, de la Universidad de Zaragoza y  el máster en Educación y Museos de la Universidad de Murcia, de reciente implantación.

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Visita guiada © Obra Social Caja Cantabria

Podríamos situar algunos esbozos iniciales en “La carta del educador de museos” que fue redactada en 2008 con motivo del seminario “Hacia una ética de la mediación cultural”, elaborada por mediadores culturales que realizaban su ejercicio profesional en los museos de la ciudad de Ginebra (Suiza). Se trataba, por tanto, de responder a una necesidad de reconocimiento de la profesión y de una plasmación deontológica de la misma; todo ello, ha contribuido a lanzar iniciativas que legitimen este perfil profesional. Es necesario que se produzca un cambio de rol; esto es, este profesional  cuya formación puede proceder de diversas áreas se debe caracterizar por su convergencia entre los ámbitos científico-prácticos relacionados tanto con las disciplinas patrimoniales como con las de carácter pedagógico; configurándose así como un mediador resolutivo, capaz de despertar inquietudes, flexibilizarse según las situaciones y captar las sinergias entre el patrimonio, el museo y los ciudadanos, convirtiéndose así en un guía que propicie aprendizajes participativos, activos y autónomos. Estas funciones atribuibles a él, lo ensamblan como un profesional, en definitiva, que ponga al servicio de los demás su saber teórico y metodológico en el proceso de enseñanza-aprendizaje, en los confines del museo. Nos referimos entonces a un modelo que “Se puede calificar de integral, procesual, individualizado y adaptable a los contextos” (Fontal, 2003, 204).

El papel del educador de museos como mediador cultural se hace una realidad, cada vez, más manifiesta. Pero su legitimación auténtica en los museos aún anda en proceso embrionario y no ha eclosionado como tal; es cierto que, existe la necesidad reconocida de que un profesional de la educación aporte su visión, en el marco de un trabajo interdisciplinar, pero todavía, a día de hoy, no se concibe íntegramente su labor, mucho más allá de la implementación práctica de actividades; si bien es cierto, se está avanzando vertiginosamente en ello, a través de diferentes vías heterogéneas y de calidad. El papel del educador de museos no puede madurar si no se amplía su capacidad de acción y radio de ejecución a las facetas de gestación y diseño de actividades con su correspondiente aportación de estrategias evaluativas. Este es uno de los límites con los que se encuentra esta figura profesional. La falta de definición sobre la formación académica inicial que se requiere hace que se nade en la incertidumbre, unido al desconocimiento a cerca de las funciones que le son atribuibles. Guillet se pregunta si los animadores son profesionales del vínculo social, en este caso, educadores de museos; nos comenta que  más allá de la técnica que envuelve a la animación y de la intermediación que desempeña se halla el vértice del vínculo social para cohesionar y embastar las realidades presentes con las esperadas.

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Visita Guiada #Mediación © MediaLab Prado

  Por todo ello,  su función va infinitamente más allá que la mera transmisión de conocimientos o de información. Si pensamos en cualidades o características atribuibles a él, podríamos localizar algunos atributos que anteceden a su definición e intervienen en ella, tales como:  intérprete, cautivador, comunicador, conductor, descubridor, intermediario, innovador, relator, gestor, diseñador, pedagogo, cultivador, encantador, provocador… Todas, muy relacionadas con la tarea de incitar y ayudar a construir procesos autónomos aprendizaje en el seno de un grupo o comunidad determinada, esgrimiendo energía, alegría y creatividad para hacer tambalear los constructos internos de las personas y volcarlas en la reflexión-acción de su realidad, siempre con ímpetu, “pasión y compromiso”.

Este enfoque coloca al museo en un andamiaje compuesto por el trabajo colaborativo y en red con los barrios y ciudades. Bajo los parámetros de la ciudad como gran continente patrimonial, las posibilidades a la hora de converger los ingredientes educativos y ciudadanos aumentan de manera considerable; y, es aquí donde el educador de museos se crece en generosidad. La ciudad, el entorno local, el barrio son en sí mismos, un mapa de itinerarios imaginativos que se prestan a la creatividad en materia de acción; puede actuar, en este sentido como una gran red de redes que articule prácticas e iniciativas para dotarlas de sentido.

Conclusiones

El educador de museos es un profesional vertebrador, consciente en avanzar en este terreno, en la creación de un proyecto  centrado en  la participación ciudadana mediante propuestas variopintas que abarquen diferentes áreas patrimoniales(música, artes escénicas, pintura, literatura); siendo así, lo significativo radica en que éstas partan de sus propias necesidades, inquietudes y deseos y que todos los ciudadanos, sean cuales sean sus características, tomen implicación activa e interrelacional en la vida del museo. El educador de museos debe ser capaz de captarlas y embastarlas del mejor modo posible; a ello, debemos sumar, tal y como ya hemos apuntado, la ruptura de las barreras del museo, para acercarlo a otras instituciones o lugares donde estén presentes personas, de tal forma que conozcan lo que el museo les puede ofrecer y se animen a visitarlo; e incluso los propios museos deben integrar en su interior otras prácticas artísticas que ofrezcan un elemento novedoso y llamativo en sintonía con el contexto que las envuelve, nuestro entorno, en todas sus dimensiones.

 Bibliografía

  • ÁLVAREZ RODRÍGUEZ, D. (2007): “El museo como comunidad de aprendizaje” en R. Huerta y R. de la Calle (eds.): Espacios estimulantes: museos y educación artística. Universidad de Valencia.
  • CALAF, R y FONTAL, O. (2007): “Metáforas para conceptualizar el patrimonio artístico y su enseñanza” en R. Huerta y R. de la Calle (eds.): Espacios estimulantes: museos y educación artística. Universidad de Valencia.
  • DELORS, J: La educación encierra un tesoro. Madrid. UNESCO/Santillana.
  • FONTAL, O. (2003): La educción patrimonial. Teoría y práctica en el aula, el museo e internet.Gijón: Trea.
  • Museos y Centros Penitenciarios” en http://www.taisvidal.es/ [Fecha de consulta: 02/11/1013]
  • PADRÓ, C: “La museología crítica como una forma de reflexionar sobre los museos como zonas de conflicto e intercambio” en  J.P Lorente y D. Almazán  (coord.): Museología crítica y arte contemporáneo. Zaragoza. Prensas Universitarias de Zaragoza.
  • PASTOR, M.I (2007): Pedagogía museística: Nuevas perspectivas y tendencias actuales.Barcelona. Trea.
  • VENTOSA, V. (2006): Perspectivas actuales de la animación sociocultural. Cultura, tiempo libre y participación social. Madrid. Editorial CCS.

Davant els reptes que planteja el museu actual, urgeix el replantejament de nombroses qüestions. Aquest escrit tracta d’oferir una reflexió particular que incorpora de forma intercalada plantejaments sobre l’educació i la cultura, transversals, flexibles i extrapolables a les diferents situacions emergents, necessàries per a repensar l’essència de l’educador de museus i la legitimació del seu perfil professional de cara al futur.

 Enfrontant reptes

 Voler un museu crític i cívic és un desig per a molts ciutadans que, alhora, comporta un repte deliciós d’enfrontar, fins i tot tenint en compte la dificultat del seu desafiament. Paradoxalment, aquesta idea aflora en boca de tots, d’un temps ençà, però aquesta reflexió compartida, en poques ocasions troba el seu reflex en l’aplicació pràctica. Si considerem el museu com un gresol en el qual convergeixen l’esfera social, la cultural i l’essència relacional amb les persones i amb el món, hem d’optar per un canvi de filosofia en la institució museística. Si, realment les pràctiques caminen en aquest sentit, haurà d’haver compromís franc entre els membres que en conformen l’organització (tots els agents implicats) i duen a terme la seua aplicació en les actuacions que han de desenvolupar. El seu discurs implícit ha d’anar per aquest full de ruta. Per tant, si la nostra destinació és el desenvolupament comunitari, social i cultural al si del museu, ens haurem de moure en el marc d’un sistema actiu; deixant en el passat la concepció endèmica carregada de senectut del museu entés com a «temple passiu del saber». Es fa necessari, per tant, aclarir que les pràctiques estiguen d’acord amb això; seguint aquesta lògica, hem de treballar, no «per a» la comunitat sinó «amb» la comunitat; aquest és un salt qualitatiu innegable.

 Un avanç important consisteix en la realització de pràctiques centrades en el treball compartit entre el ciutadà del carrer i els professionals per a elaborar una anàlisi de necessitats conjunta i legitimada per tots dos; allunyada de la posició tecnocràtica a la qual estem acostumats. Aquests treballs de diàleg estan encaminats a formar part d’un projecte de dinamització comunitària, planificat amb rigor, perquè el museu puga ser considerat «de tots». Tot això es refereix al fet que els visitants ens diguen, de primera mà, què volen veure en el museu, què n’esperen i què hauríem de fer perquè se’l senten seu; per a poder, així, actuar en conseqüència.

 El més rellevant que cal remarcar d’aquesta iniciativa és la tendència al qüestionament crític, al canvi i a la transformació. Comprenc que és una proposta amb un alt nivell de dificultat quant a la posada en funcionament i que, actualment, ha deixat de ser utòpica per a aterrar en escenaris reals; és, per tant, una aposta necessària i fixada en les arrels de les necessitats actuals que vertebren els museus, una digna font d’inspiració a considerar.

 Els museus, prenent com a contraforts filosòfics els principis de la museologia crítica, han d’instaurar-se com a vertaders agents patrimonials en la promoció del desenvolupament comunitari i de la democràcia cultural. Per a llançar una crida atractiva als públics durant molt temps relegats a un segon pla; el públic adult, la tercera edat, els adolescents, persones amb dificultats socials o en situació de conflicte social podrien situar-se com un exemple paradigmàtic dels possibles vectors actuals cap als quals el museu en dirigeix l’acció. En aquest sentit, l’animació sociocultural com a metodologia educativa que fomenta la participació social i les pràctiques emancipadores, podria traslladar-se al museu en tant que instrument indispensable a considerar per a enfrontar-nos a aquest desafiament.

 El prosceni que proporciona coherència a aquest entramat nou és la conjunció entre l’educació formal, la no formal i la informal. I el to d’aperturisme cap a l’entronització, en la qual el museu es fa permeable a la realitat social, centres educatius, associacions, centres culturals, centres de majors, centres de menors o penitenciaris. Un exemple il·lustratiu el trobem en el projecte «Museus i centres penitenciaris» a càrrec de Tais Vidal i María Ruiz (gestores i investigadores culturals) dut a terme amb l’ajuda del Ministeri d’Educació el qual tenia com a missió, l’anàlisi de la realitat en les activitats sociopedagògiques que s’estaven desenvolupant en aquest sentit, partint dels protagonistes, a la recerca de conductes fructífers per a seguir investigant per aquests rumbs. Les conclusions veuran la llum en la publicació Arte, cultura y cárcel. Prácticas artísticas en contextos penitenciarios.

 ¿Qui és l’educador de museus?

 En aquest medi de cultiu hi ha un revulsiu que afecta l’equip humà que integra l’acció museal. Resulta pertinent anar perfilant les característiques que ha de reunir l’educador de museus per a mimetitzar-se amb soltesa en aquesta nova situació descrita que viuen els museus de hui, tot i que hem de matisar que es tracta d’una professió emergent no unificada i en procés de definició que és objecte, actualment, de nombroses aproximacions des de la contribució científica; encara que, cal puntualitzar que és un perfil estés als Estats Units i al Canadà, cada vegada més demandat a Europa i d’excel·lent projecció. Localitzem, seguint aquest rastre en evolució, titulacions d’especialització a Espanya, algunes de llarg recorregut com el Màster en Museus, Educació i Comunicació, de la Universitat de Saragossa, i el Màster en Educació i Museus, de la Universitat de Múrcia, de recent implantació.

 Podríem situar alguns esbossos inicials en «La carta de l’educador de museus» que va ser redactada el 2008 amb motiu del seminari «Cap a una ètica de la mediació cultural», elaborada per mediadors culturals que desenvolupaven el seu exercici professional als museus de la ciutat de Ginebra (Suïssa). Es tractava, per tant, de respondre a una necessitat de reconeixement de la professió i d’una plasmació deontològica d’aquesta; tot això, ha contribuït a llançar iniciatives que legitimen aquest perfil professional. És necessari que es produïsca un canvi de rol; és a dir, aquest professional la formació del qual pot procedir de diverses àrees s’ha de caracteritzar per la seua convergència entre els àmbits cientificopràctics relacionats tant amb les disciplines patrimonials com amb les de caràcter pedagògic; i que es configure així com un mediador resolutiu, capaç de despertar inquietuds, de flexibilitzar-se segons les situacions i de captar les sinergies entre el patrimoni, el museu i els ciutadans, i de convertir-se així en un guia que faça propicis els aprenentatges participatius, actius i autònoms. Aquestes funcions atribuïbles a ell, l’encaixen com un professional, en definitiva, que pose al servei dels altres el seu saber teòric i metodològic en el procés d’ensenyament-aprenentatge, en els confins del museu. Ens referim llavors a un model que «es pot qualificar d’integral, processual, individualitzat i adaptable als contextos» (Fontal, 2003, 204).

 El paper de l’educador de museus com a mediador cultural es fa una realitat, cada vegada, més manifesta. Però la seua legitimació autèntica als museus encara camina en procés embrionari i no ha eclosionat com a tal; és cert que hi ha la necessitat reconeguda que un professional de l’educació aporte la seua visió, en el marc d’un treball interdisciplinari, però encara, en el dia de hui, no se’n concep íntegrament la tasca molt més enllà de la implementació pràctica d’activitats; tot i que és cert, s’està avançant vertiginosament en això mitjançant diferents vies heterogènies i de qualitat. El paper de l’educador de museus no pot madurar si no s’amplia la seua capacitat d’acció i el radi d’execució a les facetes de gestació i disseny d’activitats amb la seua corresponent aportació d’estratègies avaluatives. Aquest és un dels límits amb què es troba aquesta figura professional. La falta de definició sobre la formació acadèmica inicial que es requereix fa que es nade en la incertesa, unida al desconeixement sobre les funcions que li són atribuïbles. Guillet es pregunta si els animadors són professionals del vincle social, en aquest cas, educadors de museus; ens comenta que més enllà de la tècnica que envolta l’animació i de la intermediació que exerceix es troba el vèrtex del vincle social per a cohesionar i embastar les realitats presents amb les esperades.

 Per tot això, la seua funció va infinitament més enllà que la mera transmissió de coneixements o informació. Si pensem en qualitats o característiques atribuïbles a ell, podríem localitzar alguns atributs que antecedeixen la seua definició i hi intervenen, com ara: intèrpret, captivador, comunicador, conductor, descobridor, intermediari, innovador, relator, gestor, dissenyador, pedagog, conreador, encantador, provocador.. Totes molt relacionades amb la tasca d’incitar i ajudar a construir processos autònoms d’aprenentatge en el si d’un grup o comunitat determinada, esgrimint energia, alegria i creativitat per a fer trontollar els constructes interns de les persones i abocar-les a la reflexió-acció de la seua realitat, sempre amb ímpetu, «passió i compromís».

 Aquest enfocament col·loca el museu en una bastida composta pel treball col·laboratiu i en xarxa amb els barris i les ciutats. Sota els paràmetres de la ciutat com a gran continent patrimonial, les possibilitats a l’hora de convergir els ingredients educatius i ciutadans augmenten de manera considerable; i és ací on l’educador de museus creix en generositat. La ciutat, l’entorn local, el barri són en si mateixos, un mapa d’itineraris imaginatius que es presten a la creativitat en matèria d’acció; pot actuar, en aquest sentit com una gran xarxa de xarxes que articule pràctiques i iniciatives per a dotar-les de sentit.

 Conclusions

 L’educador de museus és un professional vertebrador, conscient d’avançar en aquest terreny, en la creació d’un projecte centrat en la participació ciutadana mitjançant propostes heterogènies que abasten diferents àrees patrimonials (música, arts escèniques, pintura, literatura); per ser així, allò significatiu consisteix en el fet que aquestes partisquen de les seues necessitats, inquietuds i desitjos i que tots els ciutadans, siguen quines siguen les seues característiques, prenguen implicació activa i interrelacional en la vida del museu. L’educador de museus ha de ser capaç de captar-les i embastar-les de la millor manera possible; a això, hem de sumar, com ja hem apuntat, la ruptura de les barreres del museu, per a acostar-lo a altres institucions i llocs on estiguen presents persones, de forma que coneguen el que el museu els pot oferir i que s’animen a visitar-lo; i fins i tot els museus mateixos han d’integrar en el seu interior altres pràctiques artístiques que oferisquen un element nou i cridaner en sintonia amb el context que les envolta el nostre entorn, en totes les seues dimensions.

 

 

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