7 d'abril de 2015

Producimos bien, vendemos mal. La didáctica en los museos

Francesc Tamarit (Unidad de Educación del Museu Valencià d’Etnologia) 

El pasado 27 de marzo se celebraron en el Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) las VI Jornadas Internacionales de Investigación en Educación Artística que llevaban por título Educación en Museos y formación de educadores. Organizadas por el Instituto Universitario de Creatividad e Innovaciones Educativas, perteneciente a la Universitat de València, en colaboración con AVALEM (Asociación Valenciana de Educadores de Museos), en ellas pudimos asistir a ponencias impartidas por reconocidos especialistas en museos y educación como Emma Nardi, presidenta de la CECA (Committee for Education and Cultural Action), organismo dependiente del ICOM; Rosa María Hervás, profesora de la Universidad de Murcia y coordinadora del Máster Universitario en Educación y Museos que imparte dicha universidad; Ricard Huerta, director del Instituto Universitario de Creatividad e Innovaciones Educativas, o la que presentamos a continuación, realizada por Francesc Tamarit, jefe de la Unidad de Educación y Exposiciones del Museu Valencià d’Etnologia. 

Las jornadas llevan por título Educación en museos y formación de educadores, entiendo por lo tanto que se nos propone que hagamos una reflexión, desde nuestra experiencia como trabajadores de museos, sobre, por una parte, cuál es la realidad del departamento de educación de nuestro museo en relación con otros departamentos o, lo que vendría a ser lo mismo, cuál es la posición de la política educativa del centro en relación con otras políticas de la propia organización, y por otra, de qué manera la formación nos dota de herramientas que nos permiten mejorar nuestra competencia profesional, lo que repercute positivamente en nuestro trabajo y contribuye a una mayor consolidación de nuestra  profesión.

Os propongo pues algunas reflexiones al respecto en torno a estos dos ejes.

Primera. De la teoría a la práctica o del Plan Museológico en el día a día.

 En el museo en el que trabajo, y creo que en la mayoría de museos sucede lo mismo: en el Plan Director la educación está considerada como un factor estratégico, de vital importancia, para llevar a buen puerto la misión del museo. Estaremos de acuerdo en que es un buen principio. Recoger aquello que dice el ICOM sobre las misiones del museo situando a la educación en el epicentro de la misión de difusión esta muy bien. Pero, ¿realmente ocurre esto en el desarrollo de estos planes, en el día a día? Veamos algunos datos:

- Las visitas concertadas a través de la Unidad de Educación del Museu Valencià d’Etnologia representan el 34% de los visitantes. Con estos datos en la mano podemos afirmar que es un sector estratégico, ahora bien ¿cómo responde el museo a esta realidad? Asignando el 3,2% del presupuesto a la unidad… ¡vaya, aquí algo no cuadra!

- En un estudio longitudinal realizado por la Unidad en los años 2009 y 2014 entre los responsables de los grupos que participan en nuestras actividades, más del 90% manifiestan estar satisfechos o muy satisfechos con la actividad realizada y el 100% recomendaría esta actividad a un compañero. Pero, nuestros compañeros del museo, los conservadores, por ejemplo ¿conocen nuestras actividades, nos valoran tan positivamente, participamos en los proyectos expositivos desde sus inicios? A mí me parece que no, al menos en nuestro museo no.

Segunda: ¿Y por qué se produce esto?

 ¿Por qué esta contradicción entre lo que somos y lo que realmente se nos considera? Me vais a permitir un símil agrícola, al fin y al cabo trabajo en un museo de etnología, y soy hijo de labradores. A nosotros nos pasa lo mismo que a los agricultores valencianos: producimos muy bien pero vendemos muy mal.  No sabemos vender nuestros productos dentro de nuestra propia organización. No ponemos suficientemente en valor nuestro trabajo. Absortos en nuestros proyectos, cautivados por un “día a día” a veces trepidante, agotador, nos queda poco tiempo y fuerzas para reflexionar sobre el mismo, conceptualizarlo y pensar estrategias de comunicación eficaces.

Tercera: ¿Qué papel juega la formación de educadores en el proceso de mejora de nuestra acción educativa?

Fundamental. Veamos por qué:

En los museos necesitamos profesionales que sean conocedores, por una parte de la disciplina y los contenidos del propio museo y, por otra, de los principios pedagógicos, metodológicos y didácticos que van a orientar la acción educativa en el museo.

-          No se puede entender la acción educativa en un museo sin tener muy claro cuáles son las características de la educación no formal en los museos.

-          No se puede entender un departamento de educación que no tenga un marco conceptual pedagógico dentro del cual ubicar sus propuestas educativas ¿Qué principios pedagógicos orientan la acción educativa en nuestros museos? ¿en qué paradigma psicopedagógico nos ubicamos? Nosotros, en el museo, nos ubicamos en el paradigma constructivista. Decir esto es una manera de entender cómo serán nuestras propuestas educativas.

Pero ¿cuál es nuestra realidad? Nuestra realidad es que cuando se hizo la selección de las entonces llamadas guías de museos no se tuvo en cuenta nada de lo que acabamos de exponer. ¿Cuál es también nuestra realidad? Que esas trabajadoras han tenido que formarse sobre la marcha y, en numerosas ocasiones, pagándoselo de su propio bolsillo y utilizando su tiempo libre. Son excelentes profesionales con un amor propio y una estima por el trabajo bien hecho realmente encomiable.

Os cuento un caso muy reciente, el de una de las educadoras de museo que trabaja en el departamento que dirijo. En este momento está cursando el Máster Universitario en Educación y Museos. Patrimonio Identidad y Mediación de la Universidad de Murcia (se trata de un máster on line). Ella, y no la organización, se ha costeado la matrícula y gastos adicionales (cerca de 3.000 €). ¿Qué ventajas puede tener con este y otros tantos cursos de formación en su carrera profesional como funcionaria? Ninguno. Os aseguro que en la Administración la promoción profesional no depende, en la inmensa mayoría de las ocasiones, de la competencia profesional ni del trabajo bien hecho (juegan otros factores que se insertan en el denominado currículo oculto). Entonces ¿por qué lo hacen? Por orgullo profesional y porque estiman el trabajo bien hecho. No hay más ni mejor motivación, lástima que no se reconozca ni se recompense.

Cuarto: ¿Qué modelo de formación?

La formación es pues una actividad estratégica, nos permite conocer mejor nuestro oficio, intercambiar experiencias con otros profesionales del sector, mejorar las prácticas educativas, aprender a gestionarlas, evaluarlas mejor, etc. Creo que esto nadie lo pone en duda. Ahora bien, dejando de lado lo que sería la formación para aquellas personas que todavía no trabajan, aquellos que esperan en un futuro insertarse en el mercado laboral de los museos o del patrimonio en general, ¿cuál debe ser el modelo formativo para los profesionales del museo?  Imagino que existen muchos modelos e imagino también que serán la mayoría de ellos válidos. Para finalizar mi intervención voy comentar uno antiguo, uno que no se ha puesto casi nunca en práctica. Hablo de aquello que a principios de los años 90 del siglo pasado, los que estábamos trabajando en el Consejo de Europa, definimos como  Formación en la lógica de la acción.

Se trataba de un modelo participativo que tenía por objetivo mejorar nuestro trabajo como gestores culturales a través de un proceso de análisis de nuestra gestión, de confrontación con otros modelos, con otras praxis culturales del conjunto de gestores que participábamos en los seminarios. Se evaluaba, se proponían acciones de mejora, se implementaban y se volvían a evaluar. A mí este modelo me interesa, yo creo que es un modelo transformador de nuestro modo de gestionar, capaz de cambiar actitudes y que mejora sustancialmente nuestra competencia profesional.

Muchas gracias por su atención.

The VI International Research Conference on Artistic Education took place at the Institut Valencià d’Art Modern (IVAM) on the 27th of March, entitled Education in museums and training of educators.  Organised by the University Institute of Creativity and Educational Innovations, belonging to the University of Valencia, in collaboration with AVALEM (Valencian Association of Museum Educators), we were able to listen to presentations given by acknowledged specialists in museums and education such as Emma Nardi, president of the CECA (Committee for Education and Cultural Action), an organisation dependent on the ICOM; Rosa María Hervás, lecturer at the University of Murcia and coordinator of the University Master’s Degree in Education and Museums offered by that university; Ricard Huerta, director of the University Institute of Creativity and Educational Innovations, or the one we present below, given by Francesc Tamarit, head of the Education and Exhibitions Unit of the Museu Valencià d’Etnologia.

The conference is entitled Education in museums and training of educators, so I understand that we are being asked to make some reflections, based on our experience as museum workers; on the one hand, on the reality of the education department of our museum with respect to other departments, or, in other words, what is the position of the centre’s education policy respect to other policies of the actual organisation; and on the other hand, in what way does training provide us with tools that enable us to improve our professional competence, which has a positive effect on our work and contributes to consolidating our profession better.

I suggest then, some reflections in this regard, based on these two aspects.

First. From theory to practice or about the Museological Plan on a day-to-day basis.

At the museum where I work, and I believe the same occurs in the majority of museums; education is considered in the Steering Plan as a vitally important strategic factor to successfully carry out the mission of the museum.  We will agree that it is a good start.  Compiling what the ICOM says about the museum missions, placing education at the epicentre of the dissemination mission, is all well and good, but, does this really occur in the development of these plans, on a day-to-day basis? Let us have a look at some figures:

- Pre-arranged visits through the Education Unit of the Museu Valencià d’Etnologia account for 34% of the visitors.  With these figures, we can state that it is a strategic sector, although, how does the museum respond to this reality? Allocating 3.2% of the budget to the unit… well, something is not right here!

- In a longitudinal study conducted by the Unit in the years 2009 and 2014 among those responsible for the groups that participate in our activities, more than 90% declared they were satisfied or very satisfied with the activity carried out, and 100% would recommend this activity to a colleague. But, are our museum colleagues, the curators, for example, aware of our activities? Do they have such a high opinion of us? Do we participate in the exhibition projects from the start? I do not think so, at least in our museum, we do not.

 Second. And, why does this occur?

 Why does this contradiction exist between what we are and what we are really considered to be? Allow me to give you an agricultural simile, in the end, I work in an ethnology museum and my parents were farmers. The same happens to us as to the Valencian farmers: we produce well but sell very badly. We do not know how to sell our products inside our own organisation. We do not showcase our work enough. Absorbed in our projects, entranced by our “daily work”, which is sometimes frenetic and exhausting, we have little time and strength left to reflect upon this, conceptualise it and think of effective communication strategies.

Third: What role does the training of educators play in the improvement process of our educational action?

Fundamental. Let us see why:

We need professionals in the museums who know about the discipline and contents of the actual museum, on the one hand, and the pedagogical, methodological and didactic principles, on the other hand, which are going to guide the educational action in the museum.

-          Educational action in a museum cannot be understood without having a clear knowledge about the characteristics of informal education in the museums.

-          An education department that does not have a pedagogical conceptual framework in which to house its educational proposals cannot be understood. What pedagogical principles guide the educational action in our museums? In which psychopedagogical paradigm do we place ourselves? We, at the museum, place ourselves in the contructivist paradigm. Saying this is a way of understanding what our educational proposals will be like.

But, what is our reality? Out reality is that when the selection of what were then called “museum guides” was made, none of what we have just mentioned was taken into account. What is also our reality? That those workers have had to train on the go, and often paying for this training out of their own pockets and using their own free time. They are excellent professionals with self-respect and pride in a job well done, which is really praiseworthy.

I am going to tell you about a very recent case, about one of the museum educators who works in the department I run. She is currently studying the University Master’s Degree in Education and Museums, Heritage, Identity and Mediation of the University of Murcia (it is an online master’s course). She, and not the organisation, has paid to enrol and the additional expenses (around €3,000).  What advantages can she have with this and other similar training courses in her professional career as a civil servant? None. I can ensure you that in the Administration, professional promotion does not depend, in the immense majority of the cases, on professional competence or on work well done (other factors come into play that are inserted into the so-called hidden curriculum). So, why do they do this? For professional pride and because they like a job well done.  There is no more and no better motivation.  It is a pity that it is not recognised or rewarded.

 Fourth: What training model?

Training is, then, a strategic activity, it enables us to have a better knowledge of our trade, exchange experiences with other professionals of the sector, improve education practices, learn how to manage them, assess them better, etc. I am sure that nobody doubts this. However, forgetting for a moment what training would be for those people who are still not working, those who hope to enter the labour market of the museums or of heritage in general, in the future, what must the training models for museum professionals be like? I imagine that there are many models and I imagine, too, that the majority of them will be valid.  To end my intervention, I am going to comment on an old model, one that has hardly ever been put into practice. I am talking about what, at the beginning of the 90s of the last century, those of us who were working at the European Council defined as Training in the logic of action.

This was a participative model whose objective was to improve our work as cultural agents through a process of analysing our management, of coping with other models, with other cultural practices of all us agents who participated in the seminars. Assessments were made, improvement actions were proposed, implemented and then assessed again. This model interests me, I believe that it is a model that would transform our way of managing, capable of changing attitudes and substantially improving our professional competence.

Thank you for your attention.

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