17 de juny de 2015

Valencia decimonónica vista por los extranjeros: El caso de la guía Bradshaw (Parte II: Valencia)

Ana Sebastià (Educadora del Museu Valencià d’Etnologia) 

En el segundo artículo dedicado a las guías Bradshaw, nos dedicaremos a mostrar qué visión daba de la ciudad de Valencia en su edición de 1866. En esta ocasión, disponemos de una mayor cantidad de información, puesto que de Valencia se han publicado guías desde 1741, año en que se publicó la Guía de forasteros, válida ya para 1742. La razón de este desfase es que el cómputo anual empezaba el primero de junio de 1741, siguiendo la costumbre establecida en los tiempos forales de comenzar en esa fecha sus funciones los empleados elegidos para los Cabildos, según escribe Ricard Blasco en la entrada “guía” de la Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana

Como ya se ha comentado, las guías más antiguas sobre Valencia de que se tiene noticia comenzaron a publicarse a mediados del siglo XVIII, si bien en el XIX se editaron un buen número de ellas que iba en aumento a medida que avanzaba el siglo, hasta llegar al XX. De las guías Bradshaw contamos con el ejemplar de 1866 que comentábamos, aunque también existen otras dedicadas por entero a España y Portugal, fechadas en 1885 y 1897 que, como es lógico, poseen una información mucho más completa. En este artículo analizaremos lo que se decía en la de 1866 y lo compararemos con la visión que daban sus contemporáneas valencianas, una de las cuales -la bilingüe Guía del viajero en Valencia, en francés y castellano, escrita por José María Settier- está fechada en el mismo año.

Según el censo de 1860 había en Valencia 107.703 habitantes, de los cuales 347 eran extranjeros con residencia habitual en la ciudad, llegando esa cifra en 1877 a 461. En el citado censo no se especifican las procedencias de los extranjeros afincados en la ciudad, si bien en el de 1877 sí que se ofrece esa información, a saber: 175 de Francia; 55 de Italia; 69 de Inglaterra; 37 de América del Norte; 34 de Austria-Hungría; 11 de Alemania; 3 de Prusia; 1 de Suiza y 1 de Turquía. La cifra total en esta última fecha de habitantes en Valencia era de 143.861. Volviendo al censo de 1860, en los datos recogidos ese año había 92 personas de otro país clasificadas como “transeúntes” , es decir, personas que estaban de paso (¿posibles viajeros?) si bien en 1877 no consta el número de transeúntes extranjeros censados. Vista la exigua cantidad de personas de otra nacionalidad que vivía en Valencia o que estaba de paso no podemos pensar ni tan solo en un incipiente desarrollo del turismo, sino en viajeros que por una u otra razón habían decidido venir a nuestras tierras, sobre todo por motivos estrictamente laborales. Apoyamos nuestra afirmación en el hecho de que hubiera 66 varones y tan solo 26 mujeres extranjeras, además del concepto que en ese momento se tiene de la mujer -en este caso perteneciente a una clase social acomodada-, de quien está mal visto que vaya sin compañía por la calle, ya no digamos viajar solas. Suponemos que serían acompañantes (esposas, hijas…) formando parte de un núcleo familiar consolidado. 

Por otra parte parece que la construcción de la línea férrea aportó cierta cantidad de viajeros a las zonas de playa, como el Mediterráneo y el Norte de España, y a ello también contribuyeron las temporadas que las clases pudientes pasaban en los balnearios. Según Barquín (2013: 110-136), en 1877 ya en Valencia había cuatro establecimientos de aguas, dos de ellos de buen tamaño: el de Chulilla y el de Santo Tomás, que “parecen haber recibido un número apreciable de huéspedes de clase acomodada”. Podemos, por tanto, pensar que las guías, con sus horarios de trenes e información útil, irían dirigidas a estos veraneantes y viajeros que utilizaban el tren como medio mayoritario de transporte -debemos recordar que había un buen número de trayectos que se realizaban en diligencia-.

Viajeros a punto de tomar la diligencia

Viajeros a punto de tomar la diligencia. Granada, 1905 (Procedencia desconocida)

Vayamos ya con lo que decía la guía Bradshaw de 1866. Los datos poblacionales que da en primer lugar no son fiables si bien dan una idea aproximada: cita un total de 106.435 habitantes, dato que no se corresponde con el de ningún censo consultado. A continuación habla de los alojamientos y destaca tres: el Hotel de París (“uno de los mejores”); la Fonda del Cid (“muy cómoda”), el hotel Villa de Madrid y la Fonda Francesa. De todos ellos dice que cuestan 25 reales al día. Settier habla en su guía de estos mismos hoteles pero da más detalles. Así, de la Fonda del Cid decía que estaba en la plaza del Palacio Arzobispal, 8 y que tiene “grandes habitaciones, baños y mesa redonda”; del Villa de Madrid, en la plaza de Villarrasa, 5 (actual plaza de Joan de Vila-rasa), que “tiene también grandes habitaciones y mesa redonda”; del Villa de París, en la calle del Mar, 54, destaca que tiene restaurante y nombra otro que no aparece en la guía Bradshaw, el hotel de La Esperanza, en la calle San Vicente, 84. Ninguno de estos edificios existen ya, si bien también es cierto que se produjeron posteriormente cambios en la numeración de las calles que pueden dar lugar a confusión.

Los datos que da a continuación son de tipo general y están basados en lo que ahora llamaríamos tópicos pero que en ese momento empezaban a despuntar en este tipo de literatura. El texto traducido dice lo siguiente: ” Esta ciudad, capital de la provincia del mismo nombre y sede del Arzobispado, es una gran y bella ciudad ubicada a orillas del río Guadalaviar en una fértil llanura; la cercanía del ferrocarril de Xatavia (sic.) a través de la Huerta no tiene rival, arroz, trigo, cebada, pimientos, limones, naranjas, granadas, aceitunas y palmeras crecen con una extraordinaria exuberancia”. 

Después de esta breve pero intensa descripción, habla de la industria  textil en general y sedera en particular. Hay que recalcar que en este sentido la guía Bradshaw no reflejaba exactamente la situación por la que en ese momento pasaba la industria de la seda en Valencia, ya que si bien en 1839 funcionaban en la ciudad un total de 12 máquinas de vapor, estando casi toda la producción dirigida a la exportación de materia prima o semielaborada, la prevalencia de intereses comerciales y la enfermedad del gusano de seda (pebrina) diezmó el mercado y a partir de 1852 comenzó una imparable caída del sector. A ello hay que añadir las inundaciones que arrasaron las moreras de La Ribera y la preferencia de los cosecheros a sustituir moreras por naranjos u hortalizas, de muy rentable comercialización. Sin embargo, en 1869 todavía se exportaban más de 150.000 kilogramos de seda, y esto se ve reflejado en la Guía fabril en industrial de España, escrita por Francisco Giménez Guited y publicada en 1862, en la que se recoge una relación de todos los establecimientos fabriles que había en España, clasificados por provincias y poblaciones dentro de las mismas. En el caso de Valencia ofrece datos tan reveladores como que era la provincia de España donde más capital se había invertido en la industria sedera (24.886.500 reales de vellón) frente a provincias como Barcelona, cuya boyante industria textil, sin embargo, solo tenía un capital de 7.760.000 reales de vellón en la seda, ocupando un segundo puesto. El número de operarios que trabajaban en dicho género ascendía a 4.113 -frente a los 2.315 de Barcelona- de los cuales 2.695 eran hombres, 1.126 mujeres y 292 niños y niñas. En total se producían 2.920.000 de “piezas de todas las clases” (Giménez Guited, 1862: 211) y su valor total en reales de vellón era de 140.482.600, muy alejado de la segunda productora de seda que representaba tan solo 40 millones de reales de vellón. 

Fábrica de seda de Moncada (Fuente: Diputación de Valencia)

Fábrica de seda de Moncada (Fuente: Diputación de Valencia)

En la guía de Settier también se hace referencia a la industria sedera valenciana de la época, así como a la imprenta, de la que Valencia siempre tuvo una importante representación (también destacada en la Bradshaw, donde dice que es la ciudad, junto con Madrid, que más libros publicaba de España), como se puede ver en esta página del original. 

A partir de ahí comienza una descripción de los edificios más interesantes de la ciudad, destacando la Universidad -la más frecuentada del Reino- y la Catedral -con su campanario, el trascoro de alabastro y las pinturas de Juan de Juanes-. Evidentemente, en la guía de Settier la descripción de la Catedral es mucho más extensa, si bien es muy parecida en su estructura a esta de la guía Bradshaw.

Otros monumentos de Valencia que merecen su interés son: el palacio del Virrey de la ciudad, del que suponemos se refiere al palacio de la Diputación, actual Palau de la Generalitat Valenciana, puesto que el Palacio Real, que sí fue sede de los sucesivos virreyes, se había derribado durante la guerra del Francés, en 1810. Aconseja también visitar la Aduana, que funcionaba como Fábrica de Cigarros desde 1828 dando trabajo a 4.000 mujeres y 50 hombres; la Lonja de la Seda y el monasterio de “St. Jerome”, que no hemos identificado con ninguno que se conservara en Valencia en esas fechas, por lo que creemos que es posible que se refiera al de de San Jerónimo de Cotalba, en la población de Alfauir, cercana a Gandía. Además, hemos comprobado la guía Bradshaw de 1897, dedicada por entero a España y Portugal y en ella, aparte de citar los monumentos con sus nombres en castellano, lo que evita esa confusión, no nombra este monasterio de St. Jerome, por lo que este dato puede apoyar nuestra hipótesis.

Fotografía del Micalet (ca. 1870, Jean Laurent)

Fotografía del Micalet (ca. 1870, Jean Laurent)

La “bella panorámica” que se ve desde el Micalet quedó empañada por un macabro suceso que se cuenta en la guía y que, dada la brevedad del texto no deja de llamar la atención. Según esto “una joven y bella pero celosa esposa se lanzó desde lo alto de la torre y se estrelló contra el suelo”. Lo que resulta más inquietante es que se incluya como un suceso importante de la ciudad, lo que nos hace pensar que fue un hecho conocido en su momento y muy comentado en la ciudad. De hecho, a principios del siglo XX uno de los campaneros de la Catedral llevaba un registro de suicidas que se habían arrojado desde la torre. En esta ocasión la suicida fue Isabel Bartina Mestre, de 30 años, quien se quitó la vida en 1861 y era hija de un conocido comerciante valenciano.

Otra de las cosas que recomienda la guía es la visita al mercado, por supuesto el antiguo de puestos ambulantes, que estaba en la plaza de la Lonja, donde aconseja observar “las serpientes” (seguramente anguilas) “ranas y flores”. En cuanto a los paseos, sugiere visitar la Alameda -a tres millas de distancia del Grao- y el resto de mercados en general. Hay también baños de mar y carruajes llamados tartanas que llevan hasta la orilla del mar. Finaliza el texto con la dirección del consulado británico, el ferrocarril al Grao, Almansa, Madrid y Alicante y las diligencias diarias a Tarragona y Barcelona. 

Terminamos así con este artículo dedicado a la guía Bradshaw en su apartado sobre Valencia. En próximos artículos realizaremos algunos más sobre otras localidades valencianas.

Dos imágenes de tartanas en Valencia (ca. 1870). En la imagen derecha se observa el desaparecido palacete Ripalda.

Dos imágenes de tartanas en Valencia (ca. 1870). En la imagen derecha se observa el desaparecido palacete Ripalda.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  •  Bradshaw’s Continental Railway Guide and General Handbook (1866). Londres: W.J. Adams. 
  • Barquín, R. (2013). El turismo y los primeros ferrocarriles españoles (1855-1900). TST, 24, 110-136.
  • Cerdà, M. (dir.) (2005): Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana. Valencia: Editorial Prensa Ibérica.
  • Charnock, R. S. (1897): Bradshaw’s illustrated hand-book to Spain and Portugal: a complete guide for travellers in the Peninsula. Londres: W.J. Adams.
  • Giménez Guited, F. (1862). Guía fabril e industrial de España publicadas con el apoyo y autorización del Gobierno de S.M. Madrid: Librería Española. 
  • INE. Censo de 1860. Recuperado de http://www.ine.es/inebaseweb/treeNavigation.do?tn=192209
  • INE. Censo de 1877. Recuperado de http://www.ine.es/inebaseweb/treeNavigation.do?tn=192225
  • Settier, J.M. (1866). Guía del viajero en Valencia. Valencia: Imprenta de Martínez.

En el segon article dedicat a les guies Bradshaw, ens dedicarem a mostrar quina era la visió que donava de la ciutat de València en la seua edició del 1866. En aquesta ocasió, disposem de més d’informació, ja que de València s’han publicat guies des del 1741, any en què es va publicar la Guia de forasters, vàlida també per al 1742. La raó d’aquest desfasament és que el còmput anual començava el primer de juny del 1741, tot seguint el costum establit dels temps forals de començar en aquella data les funcions els empleats triats per als capítols, segons escriu Ricard Blasco en l’entrada «guía» de la Gran Enciclopèdia de la Comunitat Valenciana.

Com ja s’ha comentat, les guies més antigues sobre València de les quals es té notícia es van començar a publicar a mitjan segle xviii, si bé al xix se’n van editar un bon nombre, que anava en augment a mesura que avançava el segle, fins arribar al xx. De les guies Bradshaw disposem un exemplar del 1866 que comentàvem, encara que també n’hi ha d’altres dedicades completament a Espanya i Portugal, datades al 1885 i al 1897 que, com és lògic, posseeixen una informació molt més completa. En aquest article analitzarem el que es deia en la del 1866 i ho compararem amb la visió que donaven les seues contemporànies valencianes, una de les quals —la bilingüe Guía del viajero en Valencia, en francés y castellano, escrita per José María Settier— està datada el mateix any.

Segons el cens del 1860, a València hi havia 107.703 habitants, dels quals 347 eren estrangers amb residència habitual a la ciutat, xifra que el 1887 va arribar a 461. En el cens esmentat no s’especifica la procedència dels estrangers establits a la ciutat, si bé en el del 1877 sí que s’ofereix aquesta informació, és a dir: 175 de França; 55 d’Itàlia; 69 d’Anglaterra; 37 d’Amèrica del Nord; 34 d’Àustria-Hongria; 11 d’Alemanya; 3 de Prússia; 1 de Suïssa i 1 de Turquia. La xifra total en aquesta última data d’habitants a València era de 143.861. Si tornem al cens del 1860, en les dades arreplegades aquell any hi havia 92 persones d’un altre país classificades com a «transeünts», és a dir, persones que estaven de pas (¿possibles viatgers?), si bé el 1877 no hi consta el nombre de transeünts estrangers censats. Vista l’exigua quantitat de persones d’una altra nacionalitat que vivia a València o que estava de pas, no podem pensar ni tan sols en un desenvolupament de turisme incipient, sinó en viatgers que per una raó o una altra havien decidit vindre a les nostres terres, sobretot per motius estrictament laborals. La nostra afirmació la recolzem en el fet que hi haguera 66 barons i tan sols 26 dones estrangeres, a més del concepte que en aquell moment es tenia de la dona —en aquest cas pertanyent a una classe social acomodada—, de qui estava mal vist que anara sense companyia pel carrer, i no diguem que viatjara sola. Suposem que serien acompanyants (mullers, filles…) formant part d’un nucli familiar consolidat.

D’altra banda, sembla que la construcció de la línia fèrria va aportar una certa quantitat de viatgers a les zones de platja, com ara al Mediterrani i al nord d’Espanya, i a això també van contribuir les temporades que les classes benestants passaven als balnearis. Segons Barquín (2013: 110-136), a València, el 1877, ja hi havia quatre establiments d’aigües, dos d’aquests d’una grandària considerable: el de Xulilla i el de Sant Tomàs, que «semblaven haver rebut un nombre apreciable d’hostes de classe acomodada». Per tant, podem pensar que les guies, amb els seus horaris de trens i informació útil, anaven dirigides a aquests estiuejants i viatgers que utilitzaven el tren com a mitjà majoritari de transport; hem de recordar que hi havia un bon nombre de trajectes que es feien en diligència.

 Anem ja amb el que deia la guia Bradshaw del 1866. Les dades poblacionals que dóna en primer lloc no són fiables, tot i que ens donen una idea aproximada: cita un total de 106.435 habitants, dada que no es correspon amb el de cap cens consultat. A continuació parla dels allotjaments i en destaca tres: l’Hotel de París («un dels millors»); la Fonda del Cid («molt còmoda»), l’Hotel Villa de Madrid i la Fonda Francesa. De tots aquests diu que costen 25 reals al dia. Settier parla en la seu guia d’aquests mateixos hotels, però dóna més detalls. Així, de la Fonda del Cid deia que estava a la plaça del Palau Arquebisbal, 8, i que té «grans habitacions, banys i taula redona»; del Villa de Madrid, a la plaça de Vilarrasa, 5 (actual plaça de Joan de Vilarrasa), que «té també grans habitacions i taula redona»; del Villa de París, al carrer del Mar, 54, destaca que «té restaurant» i en nomena un altre que no apareix en la guia Bradshaw, l’hotel de La Esperanza, al carrer Sant Vicent, 84. Cap d’aquests edificis existeix, encara que també és cert que posteriorment es van produir canvis en la numeració dels carrers que poden donar lloc a confusió.

Les dades que dóna a continuació són de tipus general i estan basades en el que ara qualificaríem de tòpics, però que en aquell moment començaven a despuntar en aquest tipus de literatura. El text traduït diu el següent: «Aquesta ciutat, capital de la província del mateix nom i seu de l’Arquebisbat, és una gran i bella ciutat ubicada a la vora del riu Guadalaviar en una fèrtil plana; la proximitat del ferrocarril de Xatavia (sic.) a través de l’horta no té rival, arròs, blat, ordi, pimentons, llimes, taronges, granades, olives i palmeres creixen amb una exuberància extraordinària».

Després d’aquesta breu però intensa descripció, parla de la indústria tèxtil en general i la sedera en particular. En aquest sentit, cal recalcar que la guia Bradshaw no reflectia exactament la situació per la qual en aquell moment passava la indústria de la seda a València, ja que si bé al 1839 funcionaven a la ciutat un total de 12 màquines de vapor, i estava quasi tota la producció dirigida a l’exportació de matèria primera o semielaborada, la prevalença d’interessos comercials i la malaltia del cuc de seda (pebrina) va delmar el mercat i a partir del 1852 va començar una caiguda imparable del sector. A això cal afegir les inundacions que van arrasar les moreres de la Ribera i la preferència dels collidors a substituir moreres per tarongers o hortalisses, amb una comercialització més rendible. No obstant això, en 1869 encara s’exportaven més de 150.000 quilograms de seda, i açò es veu reflectit en la Guía fabril e industrial de España, escrita per Francisco Giménez Guited i publicada en 1862, en la qual s’arreplega una relació de tots els establiments fabrils que hi havia a Espanya, classificats per províncies i les poblacions dins d’aquestes. En el cas de València ofereix dades tan reveladores com que era la província d’Espanya on més capital s’havia invertit en la indústria sedera (24.886.500 rals de billó), enfront de províncies com Barcelona, la pròsper indústria tèxtil de la qual, no obstant això, només tenia un capital de 7.760.000 rals de billó en la seda i ocupava un segon lloc. El nombre d’operaris que treballaven en aquest gènere ascendia a 4.113 —enfront dels 2.315 de Barcelona— dels quals 2.695 eren homes, 1.126 dones i 292 xiquets i xiquetes. En total es produïen 2.920.000 de «peces de totes les classes» (Giménez Guited, 1862: 211) i el seu valor total en rals de billó era de 140.482.600, molt allunyat de la segona productora de seda que representava tan sols 40 milions de rals de billó.

En la guia de Settier també es fa referència a la indústria sedera valenciana de l’època, com també a la impremta, de la que València sempre va tindre una representació important (també destacada en la Bradshaw, on diu que és la ciutat, junt amb Madrid, que més llibres publicava d’Espanya), com es pot veure en aquesta pàgina de l’original.

A partir d’ací comença una descripció dels edificis més interessants de la ciutat, entre els quals destaca la Universitat —la més freqüentada del Regne— i la Catedral —amb el seu campanar, el rerecor d’alabastre i les pintures de Joan de Joanes—. Evidentment, en la guia de Settier la descripció de la catedral és molt més extensa, tot i que és molt pareguda en la seua estructura a aquesta de la guia Bradshaw.

Altres monuments de València que mereixen el seu interés són: el palau del virrei de la ciutat, que suposem que es refereix al palau de la Diputació, actual Palau de la Generalitat Valenciana, ja que el Palau Reial, que sí que va ser seu dels virreis successius, s’havia enderrocat durant la Guerra del Francés, el 1810. Aconsella també visitar la Duana, que funcionava com a Fàbrica de Cigarros des del 1828 i donava treball a 4.000 dones i 50 homes; la Llotja de la Seda i el monestir de Sant Jerome, que no hem identificat amb cap que es conservara a València en aquelles dates, per la qual cosa creiem que és possible que faça referència al de Sant Jeroni de Cotalba, a la població d’Alfauir, pròxima a Gandia. A més, hem comprovat la guia Bradshaw del 1897, dedicada completament a Espanya i Portugal, en la qual, a banda de citar els monuments amb els seus noms en castellà, la qual cosa evita aqueixa confusió, no anomena aquest monestir de St. Jerome, per la qual cosa aquesta dada pot recolzar la nostra hipòtesi.

La «bella panoràmica» que es veu des del Micalet va quedar entelada per un macabre succés que es conta en la guia i que, donada la brevetat del text, no deixa de cridar l’atenció. Segons açò, «una jove i bella però zelosa esposa es va llançar des de l’alt de la torre i es va estavellar contra el sòl». El que resulta més inquietant és que s’incloga com un succés important de la ciutat, la qual cosa ens fa pensar que va ser un fet conegut al seu moment i molt comentat a la ciutat. De fet, a principi del segle xx, un dels campaners de la catedral portava un registre de suïcides que s’havien tirat des de la torre. En aquesta ocasió, la suïcida va ser Isabel Bartina Mestre, de 30 anys, qui es va llevar la vida en 1861 i era filla d’un conegut comerciant valencià.

Una altra de les coses que recomana la guia és la visita al mercat, per descomptat l’antic, de llocs ambulants, que es feia a la plaça de la Llotja, on aconsella observar «les serps» (segurament anguiles) «granotes i flors». Quant als passejos, suggereix visitar l’Albereda —a tres milles de distància del Grau— i la resta de mercats en general. Hi ha també banys de mar i carruatges denominats tartanes, que porten fins a la vora del mar. Acaba el text amb la direcció del consolat britànic, el ferrocarril al Grau, Almansa, Madrid i Alacant i les diligències diàries a Tarragona i Barcelona.

Acabem d’aquesta manera amb aquest article dedicat a la guia Bradshaw en el seu apartat sobre València. En pròxims articles escriurem sobre altres localitats valencianes.

In this second article on Bradshaw’s guides, we will show his vision of the city of Valencia as published in the 1866 edition.  On this occasion, we have more information, as guides have been published about Valencia since 1741, the year when the Foreigners’ Guide was published, and which was valid for 1742.  The reason for this time difference is that the year was calculated to begin on the first of June 1741, in line with the custom established in the provinces of employees elected for the Chapters beginning their functions on that date, as written by Ricard Blasco in the “guide” entry of the Gran Enciclopedia de la Comunidad Valenciana.

As already mentioned, the oldest known guides on Valencia began to be published in the middle of the 18th century, although a considerable number of them were published in the 19th century, increasing in number towards the end of that century and also until the 20th. Our copy of Bradshaw’s guide is dated 1866, as mentioned, although there are also some guides dedicated entirely to Spain and Portugal, dated 1885 and 1897, which logically contain a lot more information.  In this article, we will analyse what was said in the 1866 guide and we will compare it with the vision of its contemporaries, one of which – the bilingual Travellers’ Guide in Valencia, in French and Spanish, written by Jose María Settier – is dated  that same year.

According to the 1860 census, Valencia had a population of 107,703 inhabitants, 347 of whom were foreigners with regular residence in the city.  This figured reached 461 in 1877.  The origins of the foreigners living in the city were not specified in the census, although that information was offered in the 1877 census, namely: 175 from France; 55 from Italy; 69 from England; 37 from North America; 34 from Austria-Hungary; 11 from Germany; 3 from Prussia; 1 from Switzerland and 1 from Turkey.  The total population of Valencia at that time was 143,861.  Returning to the 1860 census, in the data compiled that year there were 92 people from another country classified as “passers-by”, that is, people travelling through (possible travellers?), although in 1877 the number of foreign passers-by were not included in the census.  In view of the paltry number of people of other nationalities living in Valencia or who were passing through, it is impossible for us to even consider a budding development of tourism, but rather, they were travellers, who, for one reason or another, had decided to come to our territory, above all for strictly working reasons.  Our statement is supported by the fact that there were 66 foreign males and just 26 women, as well as by the opinion at that time in terms of women – in this case from well-to-do social classes -, being badly looked upon if they walked down the streets unaccompanied, let alone if they travelled alone. We suppose that they would be accompanying persons (wives, daughters,…) forming part of a consolidated family unit.

On the other hand, it appears that the construction of the railroad brought a certain number of travellers to seaside areas, such as the Mediterranean and the North of Spain.  The upper classes who spent time at the spas also contributed to this. According to Barquin (2013: 110-136), there were already four water establishments in Valencia in 1877, two of which were quite large: Chulilla and Santo Tomas, which “parecen haber recibido un número apreciable de huéspedes de clase acomodada” (seem to have received a considerable number of well-to-do guests).  Therefore, we can consider that the guides, with their timetables and useful information, would be designed for these holidaymakers and travellers who used the train as their major transport means – we must recall that a large number of routes were also covered  by stagecoaches.-

 Let us have a look now at what the 1866 Bradshaw guide said. The information it gives regarding population is not reliable although it does give an approximate idea: it quotes a total of 106,436 inhabitants, but this figure does not correspond to any census consulted.  Then it talks about accommodations, highlighting three: The Hotel de Paris (“one of the best”); the Fonda del Cid (“very comfortable”), the Hotel Villa de Madrid and the Fonda Francesa.  He says that all of them cost 25 reales a day.  In his guide, Settier talks about these same hotels but he gives more details.  Thus, about the Fonda del Cid he said that it was at number 8, Palacio Arzobispal square, and that it had “large rooms, bathrooms and round table”; the Villa de Madrid, located at number 5, Villarrrasa square (current Joan de Vila-rasa square), “also has large rooms and round table”; the Villa de Paris, at number 54, Mar street, pointing out that it has a restaurant; and he names another one that does not appear in Bradshaw’s guide, the La Esperanza hotel, at number 84, San Vicente street. None of these buildings exist today, although it is also true that the street numbers were changed later on which may give rise to confusion.

That data he then gives are general and based on what we would call clichés today, but which at that time began to appear in this type of literature.  The text says “This city, capital of the province of the same name and Archbishop’s see, is a large and beautiful city on the banks of the Guadalaviar river,  in a fertile plain; the closeness of the Xatavia [sic] railroad through the Huerta is unrivalled, rice, wheat, barley, peppers, lemons, oranges, pomegranates, olives and palm trees grow with extraordinary exuberance”.

After this brief but intense description, he talks about the textile industry in general and the silk industry, in particular. It is noteworthy that, in this sense, Bradshaw’s guide does not exactly reflect the situation of the silk industry in Valencia at that time, as, although a total of 12 steam machines operated in the city in 1839, – practically the entire production was earmarked for the export of raw material or semi-processed material -, the prevalence of commercial interests and the silkworm disease (pébrine) decimated the market, and from 1852 onwards the sector began to inexorably decline. An additional factor was the flooding that devastated the mulberry trees of La Ribera and the preference of harvesters to replace the mulberry trees with orange trees or vegetables, whose sale was very profitable.  However, more than 150,000 kilos of silk were still exported in 1869, and this is reflected in the industrial manufacturing guide of Spain, written by Francisco Giménez Guited and published in 1862. This guide contains a list of all the manufacturing establishments that existed in Spain, classified by provinces and their towns.  In the case of Valencia, it offers revealing data, stating that it was the Spanish province that had invested the most capital in the silk industry (24,886,500 reales de vellón) compared with provinces, such as Barcelona, whose buoyant textile industry, however, only had a capital of 7,760,000 reales de vellón in silk, occupying the second position. The number of operators working in this genre amounted to 4,113 – as opposed to 2,315 in Barcelona -, 2,695 of whom were men, 1,126 women and 292 boys and girls. In all, 2,920,000 “pieces of all kinds” were produced” (Giménez Guited, 1862: 211) and their total value in reales de vellon amounted to 140,482,600, a long way off the second silk producer that represented just 40 million reales de vellón.

Settier’s guide also refers to the silk industry in Valencia at that time, as well as to the printing industry, with respect to which Valencia has always been outstanding (also highlighted in Bradshaw’s guide, where it says that it is the city, together with Madrid, that published the most books in Spain), as shown in this page taken from the original.

From then on, there is a description of the most interesting buildings in the city, highlighting the University –the most frequented of the Kingdom- and the Cathedral –with its bell tower, the alabaster retrochoir and paintings by Juan de Juanes-. Obviously, the description of the Cathedral is much more extensive in Settier’s guide, although it is very similar in its structure to that of Bradshaw’s guide.

Other monuments of Valencia that merit its interest are: the Viceroy’s palace of the city, which we assume refers to the Council palace, the current Palau de la Generalitat Valenciana, since the Royal Palace, which was the seat of successive viceroys, had been demolished during the French war, in 1810.  He also advises visiting the Customs, which operated as a Cigarette Factory since 1828, providing work for 4000 women and 50 men; the Lonja de la Seda (Silk Exchange) and St. Jerome’s monastery, which we have not identified with any building that was preserved in Valencia at that time, so we believe that he may possibly be referring to the monastery of San Jerónimo de Cotalba, in the village of Alfauir, near Gandía. We have also checked the 1897 Bradshaw guide, dedicated entirely to Spain and Portugal, and this guide, apart from giving the Spanish names when referring to the monuments, thus avoiding confusion, does not name this St. Jerome monastery, so this detail may support our hypothesis.

The “beautiful panoramic view” from the Micalet (bell tower) was spoiled by a macabre event that is mentioned in the guide and which, given the shortness of the text, catches attention.  According to this “a young and beautiful, but jealous, wife, jumped off the top of the tower and fell to the ground”. What is more concerning is that it was included as an important event of the city, which leads us to believe that it was well-known and highly commented in the city at that time. In fact, at the beginning of the 20th century, one of the bell towers of the Cathedral had a record of people who had committed suicide by jumping off the tower.  On that occasion, the person who committed suicide was Isabel Bartina Mestre, aged 30, who killed herself in 1861. She was the daughter of a well-known merchant from Valencia.

Another thing recommended by the guide is a visit to the market, of course, the old one with itinerant stalls, which was in the Lonja square, where he advises looking at the “snakes” (probably eels) “frogs and flowers”. With respect to walks and strolls, he suggests visiting the Alameda – three miles away from Grao – and the other markets, in general.  There are also sea baths and carriages called “tartanas” that take you to the water’s edge.  The text ends with the address of the British consulate, the railroad to Grao, Almansa, Madrid and Alicante and the daily stagecoaches to Tarragona and Barcelona.

Thus we end this article dedicated to Bradshaw’s guide in its section on Valencia.  In future articles, we will write about other guides on other towns in the province of Valencia.

  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  
  •  

Tags: , , ,
Posts relacionats
Comments

Leave a Reply

Want to join the discussion?
Feel free to contribute!

Deixa un comentari

L'adreça electrònica no es publicarà Els camps necessaris estan marcats amb *

Podeu fer servir aquestes etiquetes i atributs HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>